El porcentaje indicado en un tratamiento con centella asiática no dice casi nada. Un producto que anuncia un 5 % de centella puede contener diez veces menos compuestos activos que otro con un 2 %, según cómo se haya preparado el extracto. Lo determinante es cuál de los cuatro compuestos contiene la fórmula y con qué nombre aparece. En esta página se analiza cada uno por separado.
Los cuatro compuestos activos de la centella
La planta contiene cuatro moléculas de interés: el asiaticoside, el madecassoside, el ácido asiático y el ácido madecásico. Las dos primeras son saponinas y las otras dos, ácidos triterpénicos.
Reunidos y purificados, reciben el nombre de TECA — extracto titulado de Centella asiatica. Es la forma mejor estudiada y con mayor concentración de activos.
La planta entera contiene estos mismos compuestos, en una proporción muy variable según el origen, la recolección y el proceso de fabricación. Esa es la fuente de toda la confusión.
El madecassoside es el que la mayoría de las formulaciones destacan por su acción calmante. El asiaticoside es el más estudiado en la reparación cutánea.
Estas cuatro moléculas no se comportan igual en una formulación. Dos son ácidos y dos son saponinas; su solubilidad difiere, y un extracto acuoso no retiene las mismas proporciones que un extracto hidroalcohólico.
Por eso, dos productos que muestran el mismo porcentaje pueden ofrecer perfiles muy diferentes. La titulación informa sobre la cantidad total, nunca sobre la distribución, y es la distribución la que define el carácter del extracto.
Lo que le dicen los nombres INCI
« Centella asiatica extract» o « Centella asiatica leaf extract»: una preparación obtenida de la planta, cuyo contenido de activos no está garantizado. El porcentaje indicado corresponde a ella, no a los compuestos.
« Madecassoside», « Asiaticoside», « Madecassic acid, Asiatic acid»: moléculas aisladas cuya concentración es real y verificable.
Por eso, una marca que nombra las moléculas es más transparente que una marca que se limita al nombre de la planta. Es el mejor criterio de comparación disponible.
Muchos tratamientos combinan ambos: la planta para aportar volumen y una molécula aislada para la actividad. No es un defecto, sino una práctica habitual.
Pueden aparecer cuatro menciones: Centella asiatica extract, leaf extract y los nombres de los compuestos aislados. La primera es la más vaga: no indica ni la parte utilizada ni la concentración.
Las fórmulas que indican un compuesto aislado permiten una lectura más precisa, pero pierden el efecto conjunto de la planta entera. Ambos enfoques son defendibles; lo que no lo es es una etiqueta que no dice nada sobre ninguno de los dos.
Las dosis útiles
Para una preparación derivada de la planta, los productos comerciales van del 0,1 al 5 %. Por encima de esa proporción, el color y el olor vegetal se vuelven difíciles de disimular.
Para el madecassósido aislado, basta con entre un 0,1 y un 0,5 %. Son las concentraciones utilizadas en los estudios sobre el alivio de la piel.
Para el TECA, entre un 0,5 y un 1 %. Es la forma más cara y más activa.
Un ingrediente situado después de los conservantes en la lista está presente en menos de un 0,1 %. En una planta cuyo contenido de activos ya es variable, eso no cambiará nada.
Las propiedades atribuidas a esta planta provienen de cuatro compuestos distintos, cuyas proporciones varían según el origen y el proceso. Un extracto rico en uno puede ser pobre en otro, por lo que la simple mención de Centella asiatica es insuficiente para comparar dos productos.
En la práctica, las concentraciones encontradas van del 0,1 al 5 % según el tipo de fórmula. Usar centella asiática por encima de esa proporción no aporta nada documentado y aumenta el riesgo de irritación en las pieles más reactivas.
Por tanto, la eficacia depende menos de la cantidad que de la regularidad. Integradas en una rutina diaria, estas moléculas ofrecen resultados para necesidades específicas —confort y tolerancia— después de seis a ocho semanas. Es un activo natural de base, no de corrección.
Cuánto aplicar
De tres a cuatro gotas de sérum para el rostro; la cantidad de una avellana para una crema. La centella asiática no presenta riesgo de sobredosis.
Dos aplicaciones al día son adecuadas para la mayoría de las pieles. En una piel muy reactiva, la aplicación puede aumentar a tres sin inconvenientes.
Las esencias y lociones, habituales en las gamas coreanas, se aplican justo después de la limpieza. Aportan principalmente agua y una baja dosis de activos.
La aplicación se realiza sobre la piel húmeda y después se sella con una crema. Es la regla general, y la centella no es una excepción.
Una avellana para todo el rostro, por la mañana o por la noche según la textura. Usar la centella en una capa gruesa no funciona mejor: la cantidad que penetra está limitada por la superficie, no por el volumen depositado.
En una rutina diaria ya completa, es mejor sustituir un producto que añadir otro. Los beneficios atribuidos a esta planta se manifiestan con el tiempo, y una rutina demasiado cargada se vuelve imposible de analizar cuando algo va mal.
Dos aplicaciones diarias son mejores que una sola reforzada. La superficie absorbe una cantidad limitada cada vez, y repartir la dosis a lo largo del día aumenta el tiempo de contacto sin incrementar el volumen.
Este razonamiento se aplica a la mayoría de los activos hidrosolubles. Explica por qué una rutina sencilla pero constante supera habitualmente a una rutina ambiciosa e intermitente.
Lo que la concentración no compensa
La calidad de la materia prima. Un ingrediente bien estandarizado al 1 % funciona mejor que una preparación cualquiera al 5 %, y el envase no siempre permite determinarlo.
El resto de la fórmula. Una centella asiática bien dosificada en una base perfumada y con alcohol ofrece un resultado mediocre sobre una piel sensible.
La duración. Los efectos sobre las rojeces requieren entre dos y tres semanas de aplicación regular, independientemente de la concentración.
Un extracto titulado al 5 % aplicado sobre una barrera dañada ofrece menos que un extracto al 1 % sobre una piel cuya rutina ya es saludable. El contexto es lo que manda, y ninguna concentración compensa una limpieza demasiado agresiva o la exposición sin protección.
Lo mismo ocurre con los tipos de piel. Usar centella asiática sobre una piel que no presenta ninguna molestia no producirá nada perceptible: el activo responde a una necesidad, no la crea. Juzgarlo en esas condiciones equivale a condenarlo sin haberlo probado.
Según tu piel
Piel sensible o reactiva: este es el perfil que popularizó la centella. Busca el madecasósido indicado en la etiqueta, preferiblemente en crema en lugar de sérum.
Piel con tendencia a las imperfecciones: basta con un 2 %, como complemento de un activo tratante. La centella no trata el acné.
Piel normal: cualquier concentración sirve, y el interés es limitado. Este activo aporta más a las pieles que lo necesitan.
Usar centella asiática a diario aporta más que una aplicación intensiva puntual. Esto es cierto para la mayoría de los activos vegetales, y especialmente para este, cuyos efectos conocidos se relacionan con el confort y se manifiestan progresivamente.
Según el tipo de piel, cambia el lugar que ocupa en la rutina. Una piel grasa la recibirá en una textura ligera; una piel seca, en una crema más rica: lo que se adapta son los vehículos, no la concentración.
La planta se conoce como gotu kola en la India, donde figura en la farmacopea ayurvédica desde hace siglos, y como hierba del tigre en otras partes de Asia. Estos tres nombres designan la misma especie y aparecen indistintamente en los envases.
Lo que los cuidados modernos de la piel retienen de ella es más limitado que su uso tradicional: el apoyo a la barrera cutánea y el confort de las pieles reactivas. Como ocurre con cualquier extracto vegetal, siguen siendo posibles las reacciones alérgicas, por lo que se justifica hacer una prueba en el pliegue del codo antes de la primera aplicación en el rostro.
En resumen
Lee los nombres, no los porcentajes. Una fórmula que menciona el madecasósido o el asiaticósido te indica lo que contiene; una fórmula que muestra «5 % de centella» no te dice nada verificable.
Tres o cuatro gotas, una o dos veces al día, sobre la piel húmeda. Espera de dos a tres semanas antes de evaluarlo. Es un activo paciente y bien tolerado.
Bastan tres puntos de referencia. Comprueba que el nombre Centella asiatica figure entre los primeros ingredientes, elige un producto cuya fórmula sea breve e intégralo en una rutina ya estable en lugar de cambiar varias cosas a la vez.
Las propiedades atribuidas a esta planta la convierten en un activo versátil, lo que también constituye su límite: versátil rara vez significa espectacular. Su eficacia se evalúa según necesidades específicas —confort y tolerancia— después de varias semanas de uso regular.
Un último punto de referencia práctico. En una piel que no presenta ninguna molestia, este activo natural no tiene mucho que demostrar; en una piel reactiva, tiene cabida a diario. Lo que manda es la necesidad, no la moda.
Los tipos de fórmulas en los que aparece —esencias, sérums, cremas— no importan por sí mismos. Lo que cuenta es el lugar que ocupa en la rutina y la constancia, dos cosas gratuitas que la concentración nunca sustituye.
La serie «Qué concentración, cuántas gotas»
La dosis adecuada no se adivina: depende del ingrediente, de su forma y del tipo de piel. Esta serie repasa cada activo por separado.
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