El calendario hace todo el trabajo: uno por la mañana y el otro algunas noches. La vitamina C protege y corrige la pigmentación; el AHA exfolia la superficie. Aplicarlos juntos no aporta nada más que separarlos y reduce la tolerancia.
El calendario de una semana normal
Todas las mañanas: vitamina C, crema y protección solar.
Dos o tres noches: AHA sobre la piel limpia y seca, esperar diez minutos y después aplicar una crema.
Las demás noches: limpieza y crema. Es entonces cuando la piel se recupera.
Este ritmo es adecuado para la mayoría de las pieles normales a grasas. En piel seca o reactiva, basta con una sola noche de exfoliación.
Por qué no aplicarlos juntos
La razón no es química. Ambos son ácidos y estimulan la piel de distintas maneras; usarlos juntos en una misma aplicación multiplica el riesgo de irritación sin multiplicar el beneficio.
La idea de que la vitamina C y el AHA son incompatibles circula mucho. Es exagerada: el problema es la estimulación acumulada, no una reacción entre las moléculas.
Si aun así tienes que aplicarlos seguidos
Primero el AHA, sobre la piel limpia y completamente seca. Espera diez minutos completos. Después aplica la vitamina C y, luego, una crema.
No inviertas nunca el orden: un sérum acuoso aplicado primero formaría una película que impediría que el ácido actuara en la superficie.
El añadido que lo cambia todo
Un sérum de ácido hialurónico, aplicado sobre la piel húmeda antes de la vitamina C, hace que esta rutina sea mucho más cómoda. La exfoliación elimina agua de la superficie; el humectante la repone.
Es el añadido más rentable en este caso y el que más se suele olvidar al centrarse en los activos.
Qué aporta cada uno
La vitamina C actúa sobre las manchas oscuras y la uniformidad del tono, con una acción antioxidante contra los radicales libres. Calcula entre cuatro y seis semanas para notar luminosidad y entre dos y tres meses para las manchas.
El AHA mejora la luminosidad y la uniformidad de la textura mediante la renovación de la superficie, en dos o tres semanas. No actúa sobre la pigmentación en sí.
En las marcas dejadas por antiguas imperfecciones, ambos actúan en la misma dirección a distintas velocidades; esa es la mejor razón para combinarlos.
Glicólico o láctico
El ácido glicólico es el que penetra más y el más eficaz para mejorar la textura, aunque se tolera peor. El ácido láctico es más suave y adecuado para las pieles sensibles.
Si nunca has exfoliado tu piel, empieza con el ácido láctico. La vitamina C combina igual de bien con uno que con el otro.
Una progresión prudente
Semanas 1 y 2: vitamina C sola, todas las mañanas.
Semana 3: AHA una vez por semana.
Semana 5: dos veces si no aparece sequedad.
Después: tres veces como máximo.
Introducir ambos en la misma semana hace imposible atribuir una reacción al producto correcto.
Según tu tipo de piel
Piel grasa: el calendario completo, con una crema-gel.
Piel mixta: el AHA solo en la zona T.
Piel seca: una sola noche de exfoliación y una crema rica de forma sistemática.
Piel sensible: vitamina C en un derivado estabilizado y ácido láctico como máximo una vez por semana.
El sol no es negociable
Los AHA aumentan notablemente la sensibilidad a los rayos ultravioleta, y la vitamina C no sirve de nada si permites que actúe la causa que combate. Una protección solar diaria condiciona el resultado de todo el conjunto.
En el caso de las manchas, una exposición sin protección puede deshacer en pocas semanas lo que se ha conseguido en tres meses.
Hasta dónde llega esta rutina
Mejora la luminosidad, la uniformidad de la textura y la homogeneidad del tono. Es una rutina cosmética y no trata ninguna afección: una mancha cuyo contorno cambie requiere una valoración dermatológica sin esperar.
Nunca en la misma aplicación
Dos ácidos aplicados seguidos garantizan incomodidad sin mejorar el tono. Un sérum de vitamina C por las mañanas y el AHA una o dos noches por semana: aquí, espaciar las aplicaciones es todo el método.
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