Un ácido que desprende, un lípido que restaura el confort. El ácido láctico trabaja la superficie; el escualano repone lo que la exfoliación retira. Es la combinación más sencilla para exfoliar sin que la piel proteste.
Qué hace el ácido láctico
Es el más suave de los alfahidroxiácidos y el único que está presente de forma natural en la piel: forma parte de los factores naturales de hidratación. Su molécula, más grande que la del ácido glicólico, penetra más despacio e irrita menos.
Su acción consiste en disolver los enlaces que mantienen unidas las células muertas. El resultado se aprecia en la uniformidad de la textura en tres o cuatro semanas, aplicándolo dos veces por semana.
Qué hace el escualano
Este lípido reproduce un componente del manto hidrolipídico humano. Hoy su origen es vegetal —oliva o caña de azúcar—, aunque durante mucho tiempo fue animal, y la molécula obtenida es idéntica.
En cosmética ocupa un lugar particular: estable, inodoro y no comedogénico, es adecuado para casi todo tipo de pieles. Por eso es el compañero natural de un ácido, cuyo efecto desecante compensa sin bloquear su acción.
El protocolo
El ácido por la noche, sobre la piel limpia y seca, dos veces por semana al principio. El escualano inmediatamente después o a la mañana siguiente, según la tolerancia. Las noches sin ácido, basta con aplicar escualano.
Esta alternancia da mejores resultados que aplicar ambos a diario. Deja que la superficie tenga tiempo de recuperarse entre aplicaciones, lo que permite mantener el ritmo durante varios meses; y sin constancia, una exfoliación no sirve de nada.
Para qué pieles
Las pieles secas y deshidratadas son las primeras beneficiarias: el ácido láctico se tolera mejor que sus parientes y el escualano compensa lo que este reseca. Las pieles mixtas siguen la misma lógica con una frecuencia mayor.
En una piel reactiva, se empieza con una sola aplicación semanal y se duplica cada etapa. El ritmo final es el mismo, el camino dura el doble y eso es lo que permite llegar hasta allí.
Elegir los productos
Para el ácido, el porcentaje por sí solo no basta: el pH determina la intensidad real, y un producto que no lo indica deja sin respuesta la pregunta más importante. Nuestro peeling AHA con ácido láctico combina el ácido con un humectante, lo que limita el efecto desecante durante la aplicación.
Para un uso más cotidiano, el tónico de agua de rosas y ácido láctico ofrece una concentración más baja, compatible con una aplicación regular.
Qué no se debe combinar
Un retinoide la misma noche, un segundo ácido en la misma rutina o un exfoliante mecánico por encima. Cada uno por separado es manejable; los tres juntos no lo son.
La protección solar se vuelve imprescindible desde el momento en que se exfolia: la capa que aparece es más joven y se marca con mayor rapidez.
Nuestros tratamientos antiedad



